Casualidad y previsibilidad en narrativa

La casualidad y la previsibilidad son dos grandes caballos de batalla de la narrativa. ¿Pero debemos evitarlas? Opino que no. Las razones me las dieron algunas de las cosas útiles que extraje de mis clases de cine y narrativa. Básicamente, lo que resumo a continuación

¿Cuándo usar la casualidad en nuestras historias?

Si tuviera que resumirlo en una frase, sería ésta: Un personaje puede meterse en problemas por casualidad, pero NUNCA puede resolver sus problemas por casualidad.

Tenemos algunos ejemplos en películas relativamente recientes. Por ejemplo, Speed


Básicamente, Keanu Reeves tiene que impedir que un autobús baje de 80 millas por hora o explotará. El autobús, por circunstancias diversas, lo acaba conduciendo una pasajera (Sandra Bullock). ¿Y por qué está Sandra Bullock en ese autobús? Por nada. Pura casualidad. Tenía el coche en el taller. Es el detonante de la historia, y a todo el mundo le parece bien.

Por supuesto, nos podemos remontar a un ejemplo aun más claro. Y por partida doble: Die Hard y Die Hard 2. Las dos primeras partes de La Jungla de Cristal, si eres español. O de Duro de Matar, si eres Sudamericano.


¿Qué carajo hacía John McClane en el edificio Nakatomi justo cuando unos terroristas decidieron secuestralo? Nada. Iba a visitar a su mujer. ¿Y en el aeropuerto de Los Ángeles? Exactamente lo mismo. Nada. Pasaba por allí.

Es, por tanto, perfectamente válido que un personaje se meta en un lío por casualidad. Lo que NO es válido es que resuelva una situación por casualidad. No cuela. Es una situación equivalente al Deus Ex Machina. O sea: resolver una trama a través de un elemento externo a la historia que aparece de repente, sin estar debidamente justificado.

Por tanto: usemos la casualidad como detonante, pero nunca como resolución.

¿Y qué pasa con la previsibilidad?

Típica situación en la que, a la mitad de la historia, ya sabemos perfectamente cómo va a terminar. O incluso puede que antes. Sabemos perfectamente que Indiana Jones va a recuperar el objeto sagrado y derrotar a los malos.


¿Hay algún problema con esto? En principio, no. Y no lo hay siempre y cuando se siga una de las máximas de la narración: que el personaje cumpla su objetivo.

Películas como las de la saga de Indiana Jones o Star Wars son un auténtico manual de cómo seguir el arquetípico viaje del héroe en una narración. Conocemos esa historia desde hace, literalmente, milenios. La hemos visto una y otra vez. Y nos sigue gustando exactamente igual. Simplemente, porque los personajes cumplen sus objetivos.

¿Podemos saltarnos esta regla? Sí, pero con mucho cuidado. Si no lo sabemos hacer muy bien, el resultado es simplemente una historia mediocre. Previsible, en el peor sentido de la palabra.

Eso sí, si somos capaces de hacerlo, el resultado será un auténtico chute de endorfinas para el cerebro. ¿Cómo conseguirlo?

Debemos confundir al espectador/lector al respecto del objetivo del personaje. Distraer su atención y llevarle por un camino, haciéndole creer que le estamos llevando por otro diferente. Algo que el maestro Hitchcock nos enseñó a hacer. Entre otras cosas, mediante el uso del MacGuffin.


En el cine más o menos reciente (tengamos en cuenta que ya paso de los 30…), el ejemplo cuasi perfecto de saber hacer esto lo tendríamos en The Sixth Sense. El Sexto Sentido, en español.


En esta película, un giro final nos hace entender que el personaje protagonista tenía una misión muy diferente a la que creía tener. Y las pistas a lo largo de la narración, hacen que el resultado resulte razonablemente coherente, y la película funcione. El escritor ha sabido jugar con nuestra percepción.

Por tanto: hagamos que nuestros personajes cumplan sus objetivos, y no importará si estos son previsibles.

Pero sobre todo, no tengamos miedo a contar historias. La creatividad también mejora con la práctica, como cualquier músculo.


comments powered by Disqus