Ciencia sí, mientras no me incomode

Todo descubrimiento científico ha de enfrentarse siempre al rechazo. A dos tipos de rechazo:

  • Al rechazo de la comunidad científica, si dicho descubrimiento rompe con la corriente mayoritaria. Algo a lo que se tuvieron que enfrentar los pioneros en el estudio del átomo, por citar ejemplos relativamente recientes. Si la ciencia de los últimos siglos va por un camino y tu descubrimiento va por otro, más vale que tengas pruebas sólidas para defender tu postura. Este rechazo puede ser muy positivo. Impulsa el avance científico. Puede producir pasos de gigante, si las pruebas finalmente terminan tumbando la corriente mayoritaria. Ramas de la ciencia han nacido de esa forma.
  • Al rechazo de la comunidad no científica. Este rechazo es relativamente reciente, y sorprendería a nuestros antepasados. A excepción de los fanáticos, que los ha habido toda la vida, la mayoría de las personas han agradecido siempre los avances científicos. Especialmente en ciencias de la salud. La síntesis de la penicilina y el empleo de medidas antisépticas entre el personal sanitario son dos hitos de los muchos que han contribuido a que hoy vivamos el doble que hace 100 años y en mejores condiciones. Pero paradójicamente, llegados a cierto nivel de bienestar, los descubrimientos científicos se rechazan por resultar poco confortables para el estilo de vida de los países desarrollados. Este rechazo es claramente negativo. Contribuye a la estupidización de la sociedad


Los ejemplos más claros de este rechazo se producen en relación con los descubrimientos sobre nuestra alimentación y sobre nuestros hábitos de vida. A día de hoy, sabemos que:

  • Las carnes rojas no son saludables, y tienen cierto peso en el desarrollo de algunos tipos de cáncer. Las carnes procesadas, obviamente, mucho peor.
  • La alimentación humana debe basarse en frutas, verduras y cierto tipo de pescado. El consumo de carne ha de ser moderado.
  • El azúcar refinado es uno de los venenos más dañinos que se pueden comprar en cualquier tienda. Y cualquier producto cargado de azúcar, es un pasaporte casi seguro para desarrollar diabetes, entre otras enfermedades. Eso incluye los cereales típicos de desayuno, y cualquier tipo de zumo y refresco embotellado.
  • El tabaco es, posiblemente, el mayor veneno legal que existe. Incrementa la probabilidad de contraer cáncer de pulmón y todo tipo de enfermedades respiratorias de forma inequivoca y espectacular.
  • El consumo de bebidas alcohólicas no tiene ningún tipo de beneficio para el organismo. Incluso su consumo moderado se asocia a enfermedades como la cirrósis o el cáncer de hígado.
  • La medicina alternativa no produce ningún beneficio probado en la salud general. Más allá del propio placebo o sugestión que pueden llevar a ciertas personas a experimentar mejorías temporales y/o totalmente ficticias.
  • Ciertas prácticas que se han popularizado entre la sociedad occidental, como la meditación, el yoga o el mindfulness, tienen una cantidad limitada de beneficios. Indudablemente, son saludables, pero tampoco son la solución para todo. La simple relajación, el tener la mente despejada y ser capaces de reflexionar y el ejercicio físico tienen unos resultados más o menos similares, sin recibir nombres especiales.
  • Las prácticas más populares de la psicología clínica (parada de pensamiento, sustitución de pensamientos negativos por otros positivos...) son efectivos en unos casos, pero no en todos.



Resumiendo: deberíamos comer frutas, verduras, ciertos pescados y poca carne. Nada de azúcar procesado. Nada de alcohol. La única bebida 100% saludable y más diurética es el agua. Las infusiones como el te o el café deberían tomarse con moderación. Los zumos, solo directamente exprimidos, y de manera moderada (mejor las frutas enteras). Por supuesto, nada de fumar. Si estamos malos, lo único que ha demostrado curarnos es la medicina. Que no es perfecta, ni mucho menos. Que no soluciona todo, por supuesto. Que muchas veces los intereses económicos van por delante de salvar vidas, por desgracia sí. Pero por ahora, es la única que ha demostrado funcionar. Es lo mejor que tenemos, no lo ideal. Pero si dejamos que siga avanzando, seguro que mejora mucho. Lo lleva haciendo siglos, y el último ha sido espectacular en ese sentido. Nunca se curaron tantas enfermedades y se salvaron tantas vidas como hoy, simplemente aplicando las cosas que hemos aprendido a lo largo de miles de años.

De todas estas cosas, algunas causan rechazo. Pese a ser objetivamente positivas. ¿Que no debería salir hasta las tantas a emborracharme y fumarme todo lo que pille? Sí, hombre. ¿Que no debería comerme ese chuletón de medio kilo que está buenísimo? Lo que faltaba. ¿Que no debería tomarme el vaso de vino con la comida porque realmente no me está haciendo el bien que la industria del vino me lleva vendiendo años? Por ahí no paso. ¿Que desayunar los clásicos cereales con leche es meterse una bomba de azúcar, y sus supuestos beneficios se los ha sacado la industria del cereal de la manga? Venga ya. ¿Que debería seleccionar muy cuidadosamente las frutas, verduras, pescados y carnes que compro, pagando más por ellas, porque las que me venden en el supermercado suelen ir cargaditas de pesticidas, mercurio o antibióticos? Hasta aquí hemos llegado.

La práctica totalidad de las veces este rechazo no viene razonado. No aporta pruebas que contradigan la teoría que pretende invalidar. La realidad es que la ciencia es MUY exigente, que no cerrada. Para que algo sea válido, ha de demostrarlo con pruebas, y estas pruebas han de ser reproducibles. O sea, que se tienen que poder repetir con los mismos resultados. Basta con que una sola prueba salga mal, para tirar la teoría entera. Esto hace que la ciencia sea abierta, no dogmática y agnóstica. Pero el rechazo popular, insisto, no suele aportar pruebas que invaliden la teoría. Suele recurrir a una de estas dos falacias lógicas:

  • Argumento ad-antiquitatem: En cualquiera de sus dos variantes, "toda la vida se ha hecho así, luego ha de estar bien" o "esto es una sabiduría milenaria, luego es verdad"
  • Argumento ad-consequentiam: Esto no puede ser verdad porque entonces lo que yo hago no tiene sentido. O me siento tonto por hacerlo. O me requiere demasiado esfuerzo cambiar este hábito. O es incómodo para mí.

En fin, nadie dijo que el hecho demostrado tuviera que ser bonito o agradable. A la naturaleza le dan lo mismo nuestros gustos y opiniones. Es la que es, y gracias a la ciencia la conocemos. Si te empeñas en ignorarla, es tu decisión, pero no la intentes justificar. Entiende lo que estás haciendo y sus consecuencias, y luego decide. Pero con conocimiento.

Dudo que nadie se dejara operar por un supuesto cirujano si lo que está haciendo para curarnos no viene respaldado por la experiencia y las pruebas. Ni nos subiríamos en un avión si alguien antes no se hubiera molestado en demostrar que vuelan y fabricarlos siguiendo un protocolo conocido y establecido. No nos meteríamos para el cuerpo un supuesto compuesto que nos va a ayudar si no sabemos de dónde viene.

Bueno, igual sí...


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