La TV proporciona respuestas. A mí me interesan las preguntas

Hace algunos años que decidí no tener TV en casa. Me di cuenta de que, básicamente, era un electrodoméstico inútil. Solo la encendía para conectar la consola, y para eso puedo utilizar un monitor de ordenador.

Actualmente, sigo sin TV, y no la echo de menos en absoluto. Es más, viendo a través de Internet algunos programas, me reafirmo en mi postura, y me doy cuenta de que mi falta de interés hacia ese medio se basa, principalmente, en el hecho de que proporciona respuestas, y a mí me interesan las preguntas.

No hablo, por supuesto, del entretenimiento, que lo obtengo a través de Internet cuándo y cómo quiero, mi crítica va hacia cómo proporciona la TV la información. Los informativos y programas de debate se dedican básicamente a ofrecer respuestas digeridas a asuntos de actualidad. Respuestas diseñadas y prefabricadas por generadores de opinión a sueldo de empresas privadas.

Un buen exponente de esto son las entrevistas que realiza Ana Pastor a políticos. Hechas con la apariencia de estar poniendo al político contra las cuerdas, pero con la única finalidad de generar una opinión en el espectador sin obligarle a pensar demasiado. ¿Y cómo? A base de extraer respuestas rápidas a preguntas concretas. Podemos coger como ejemplo esta entrevista a Artur Mas. No se invita a la reflexión. Se ofrecen slogans. Frases repetitivas y machaconas destinadas a dejar un mensaje claro y con poco lugar a equívocos.

Este método es tremendamente eficiente. El psicólogo y Premio Nobel de Economía en 2002, Daniel Kahneman, defiende en su obra Thinking, fast and slow que nuestra toma de decisiones tiene lugar a través de dos sistemas, a los que llama Sistema 1 y Sistema 2. El Sistema 1 funciona de manera automática, y es el que utiliza un experto en ajedrez para decidir rápidamente la mejor jugada, por ejemplo. Pero también es el que nos da una respuesta inmediata ante un planteamiento que detectamos como sencillo. Hay quien lo llama intuición. Es ese sistema el que nos va a llevar a formar una opinión sobre una persona, en función de la información que tenemos al respecto. Y si esa información ha sido diseñada para absorberse de manera irreflexiva, tendremos que hacer un esfuerzo muy grande para no tomar conclusiones sesgadas o condicionadas.

Es exactamente eso lo que consigue la información empaquetada y rediseñada que nos envían los medios de comunicación tradicionales. Darle a nuestro Sistema 1 los argumentos que necesita para decidir sin pensar, respondiendo a intereses que pueden distar mucho de los nuestros. Y que, en ningún caso, van a ser objetivos.

¿Hay otra manera de dar información? Por supuesto. En Internet hay cientos de medios. Por ejemplo, tenemos el podcast Freakonomics. En uno de sus últimos programas, lo que se hacía era plantear una pregunta: ¿Es la migración un derecho humano básico? A continuación, se animaba al debate. La transcripción del programa se puede encontrar aquí.

Por supuesto, se puede estar o no de acuerdo con los participantes. Y es muy posible que no se llegue a ninguna conclusión clara. La realidad tiene la fea costumbre de no responder a nuestros deseos ni gustos particulares. Por eso sigo pensando que las preguntas son más importantes que las respuestas.

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